jueves, 24 de mayo de 2012

MAX WEBER: EL PODER DE LOS VALORES

Max Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

  

Adjunto este escrito publicado en la revista Archiv für Sozialwissenschaft und Sozial politik, en relación a la crítica que hace el profesor Voegelin al positivismo y al papel de Weber. Los estudios sobre valores deben mucho a Max Weber porque no sólo realizó investigaciones sobre valores, sino definió con claridad el papel que ellos tienen en las ciencias sociales.

Weber se situaba sin ambigüedad entre quienes consideran la actividad mental como factor determinante de la vida social: “... la fuerza histórica de las ideas ha sido y es tan predominante para el desarrollo de la vida social, que nuestra revista no puede sustraerse a esta labor; antes bien, hará de su atención uno de sus más importantes deberes"(1). 

Weber planteó de la siguiente manera el problema de las relaciones entre valores e investigación social: "¿Cuál es la validez de los juicios de valor formulados o que determinado autor supone en los proyectos prácticos sugeridos por él? ¿En qué sentido se mantiene éste, con ello, en el terreno de la dilucidación científica, ya que lo característico del conocimiento científico ha de hallarse en la validez «objetiva» de sus resultados en cuanto verdades"(2). 

Antes de responder a estas preguntas cruciales, Weber descarta la simbiosis entre ciencia social y ética: " ... jamás puede ser tarea de una ciencia empírica proporcionar normas e ideales obligatorios, de los cuales pueden derivarse preceptos para la práctica"(3). Esta ciencia "no puede enseñar a nadie qué debe hacer, sino únicamente qué puede hacer y, en ciertas circunstancias qué quiere"(4). Pero de esto no se desprende, "en modo alguno, que los juicios de valor hayan de estar sustraídos en general a la discusión científica, por el hecho de que derivan, en última instancia, de determinados ideales y, por ello, tienen origen «subjetivo»"(5).

La relación que cada investigador tiene con sus valores cumple una función esencial en el proceso de cada investigación. A diferencia de las ciencias exactas y naturales, las ciencias de la cultura y del espíritu, teniendo como objeto la realidad individual, no pudiendo captar la infinita riqueza de lo real, y no teniendo como fin la construcción de leyes -que sólo son un medio para encontrar la significación- tienen que seleccionar temas, enfoques y documentos. Esta selección se hace a partir de la relación del investigador social con sus valores(6). Esta necesidad selectiva de los valores implica cuatro elementos:

La realidad individual, singular e infinitamente múltiple de los hechos sociales
El conocimiento de los procesos culturales sólo es concebible, en la perspectiva weberiana, "sobre la base de la significación que la realidad de la vida, configurada siempre en forma individual, tiene para nosotros en determinadas conexiones singulares"(7). La vida social se presenta ante el observador como una multiplicidad infinita de procesos que surgen y desaparecen, sucesiva y simultáneamente, tanto dentro como fuera de nosotros mismos.Las leyes sociales son sólo un medio para la significación de los hechos, su comprensión o explicación.

A diferencia de Durkheim y de muchos otros precursores de la ciencia social, Weber pensaba que el conocimiento de las leyes sociales no implica conocimiento de la realidad social sino, antes bien, "uno de los diversos medios auxiliares que nuestro pensamiento emplea con ese fin"(8).

La necesidad de seleccionar una parte de esa realidad
Weber estaba convencido de que la multiplicidad infinita de procesos sociales hace que un conocimiento exhaustivo de ellos sea imposible para cualquier investigador. Esta imposibilidad implica que "sólo una parte finita de esa realidad constituye el objeto de una investigación científica, parte que debe ser la única «esencial» en el sentido de que «merece ser conocida»"(9).

La función selectiva de los valores
La selección de la "parte finita" de la realidad que cada investigador realiza para escoger temas de investigación se realiza de acuerdo con sus valores. Son ellos los que seleccionan qué parte de la realidad será estudiada: "Se decide de acuerdo con las ideas de valor desde las cuales consideramos la «cultura» en cada caso individual... Lo único que introduce orden en este caos es la circunstancia de que, en cada caso, sólo una parte de la realidad individual reviste para nosotros interés y significación, porque únicamente ella muestra relación con las ideas de valor culturales con las cuales abordamos la realidad"(10).

La impertinencia de los juicios de valor
La ciencia social debe tender al "conocimiento del significado de aquello a que se aspira" y al "ordenamiento conceptual de la realidad empírica". Esto se puede lograr "poniendo de relieve y desarrollando en su trabazón lógica las «ideas» que están o pueden estar" en la base de un fin concreto de un actor social concreto que el investigador social trata de comprender(11).

En este proceso de comprensión, es decir en la tarea esencial de la ciencia social, los valores no tienen nada qué hacer. "Es y seguirá siendo cierto que una demostración científica metódicamente correcta en el ámbito de las ciencias sociales, si pretende haber alcanzado su fin, tiene que ser reconocida también como correcta por un chino"(12), es decir por cualquiera cuyos valores sean diferentes u opuestos a los del investigador social.

La ética calvinista y el espíritu capitalista
Weber no sólo analizó las funciones de los valores de la ciencia social sino realizó análisis ejemplares sobre los valores. Además de sus trabajos sobre sociología religiosa, le debemos La Etica protestante y el espíritu del capitalismo, que es un análisis de la relación entre entre dos valores, o entre un valor y una actitud: la ética calvinista del siglo XVII y el espíritu capitalista contemporáneo a esa ética.

Ese libro no es, como se sugiere frecuentemente, un estudio sobre las relaciones entre religión y economía, ni entre una religión (el Calvinismo) y un sistema económico (el capitalismo occidental al mismo período). Es evidente que Weber no se propuso en esa obra analizar la relación entre dos estructuras de la realidad social (la cultura y economía) sino entre dos formas de una misma estructura (la cultura): una cierta ética y un cierto "espíritu".

El mismo título del libro es muy preciso: no es "La ética protestante y el capitalismo", sino "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Lo que analiza Weber a lo largo de las dos partes de esta investigación clásica es en realidad lo que, algunos años después Thomas y Znaniecki llamarían "la actitud capitalista". Se puede discutir si el espíritu capitalista es un valor, una actitud o una mentalidad.
Lo que es indiscutible es que no es la economía capitalista, o la estructura económica. Los únicos datos económicos que Weber considera aparecen sólo en algunas notas de la primera parte. Todo el resto del libro son análisis sobre textos que expresan no la estructura económica capitalista sino más bien el espíritu que la anima.

El análisis parte de hechos que Weber resume así: " ... la índole por excelencia protestante que se distingue en las propiedades y empresas capitalistas y, también, en las esferas superiores de las clases trabajadoras, sobre todo del alto personal de las empresas modernas, con más experiencia técnica o comercial"(13).

El segundo paso lógico de esta investigación fue resumir el espíritu del capitalismo en cuatro puntos:
1. La adquisición del dinero es casi el valor supremo de la vida(14).
2. El ejercicio constante de una profesión - el trabajo - es una manera tan privilegiada para adquirir el dinero, que se presenta varias veces como fin, no como medio(15).
3. Racionalidad. Es el trabajo que busca las maneras más adecuadas para obtener la máxima cantidad de riqueza(16).
4. La austeridad. Ella hace que se use mínimamente la riqueza acumulada. Aunada a las tres características precedentes, da lugar a una creciente acumulación de riqueza, o de capital (17).

El tercer paso lógico es la descripción de la ética protestante, con dos grandes características:
1. El ascetismo.
2. El enriquecimiento como señal de predestinación a la salvación eterna(18). Weber cita, a este propósito, un sermón del escuchado predicador inglés Richard Baxter: "Si Dios os señala una senda que habrá de proporcionaros más riqueza que la que pudierais conseguir por una senda distinta (sin detrimento de vuestra alma ni la de los demás) y la desecháis para emprender el camino por el que os enriquecerá menos, ponéis trabas a uno de los propósitos de vuestra vocación y os rehusáis a fungir como administradores de Dios y a recibir sus dones para valeros de ellos en su servicio".

El cuarto y último paso lógico de Weber es la explicación de la relación entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo por una causalidad doble:
1. Por un lado, la ética protestante propicia el espíritu del capitalismo.
2. Y, por otra parte, los "nexos de la mayoría de las religiones importantes con la economía y la estructura social del medio en que ellos vieron la luz primera", mostraría la influencia de la economía en la religión(19).

Referencias
 1. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, trad. de José Luis Etcheverry, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973, p. 43. El subrayado es mío.
La revista a que se refiere es :


 Archiv für Sozialwissenshaft und Sozial politik.:
 http://biblioweb.tic.unam.mx/valores_distantes/C1WEBER.htm

2. Ibid., p. 40.
3. Ibid., p. 41.
4. Ibid., p. 44.
5. Ibid., pp. 41-42.
6. Ibid., pp. 61-73.
7. Ibid., pp. 61 y 70.
8. Ibid., p. 70.
9. Ibid., p. 62.
10. Ibid., pp. 70 y 68-69.
11. Ibid., p. 43.
12. Ibid., p. 47.
13. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, trad. de José Chávez Martínez, Premia, Puebla, 1984, p. 7.
14. Ibid., pp. 29, 31 y 34.
15. Ibid., pp. 38, 39 y 43.
16. Ibid., p. 12.
17. Ibid., pp. 29-39.
18. Ibid., p. 100.
19. Ibid., p. 15.

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